Versoj de Francesca da Rimini tradukitaj al la hispana de Bartolomé Mitre
Inferno, Canto V, 82-142

Cual dos palomas por amor llevadas
con ala abierta vuelan hacia el nido,
por una misma voluntad aunadas,
así, del grupo donde estaba Dido,
cruzaron por el aire malignoso,
tan simpático fué nuestro pedido.
Y exclamaron: «¡Oh, ser tan bondadoso,
que buscas al través del aire impío
las víctimas de un mundo sanguinoso!
Si Dios escucha nuestro ruego pío,
por tu paz rogaremos en buen hora,
pues que te apiada nuestro mal sombrío.
Y pues oír y hablar tu voz implora
te hablaremos prestándote el oído,
mientras el viento calla, como ahora.
Se halla la tierra donde yo he nacido
en la marina donde el Po desciende,
en paz con sus secuaces confundido.
Amor, que alma gentil súbito prende,
a éste prendó de la gentil persona
que me quitó la herida que aun me ofende.
Amor, que a nadie amado, amar perdona,
me ató a sus brazos, con placer tan fuerte,
que, como ves, ni aun muerta me abandona.
Amor llevónos a la misma muerte,
Caina, espera al matador en vida.»
Las dos sombras me hablaron de esta suerte.
Al escuchar aquella ánima herida,
bajé la frente, y el poeta amado,
«¿Qué piensas?», preguntóme, y dolorida
salió mi voz del pecho atribulado:
«¡Qué deseos, qué dulce pensamiento,
les trajeron un fin tan malhadado!»
Y volviéndome a ellos al momento,
díjeles: «¡Oh, Francesca!, ¡tu martirio
me hace llorar con pío sentimiento!
Mas, del dulce suspiro en el delirio,
¿cómo te dió el Amor tímido acuerdo,
que abrió al deseo de tu seno el lirio?»
Y ella: «¡Nada es más triste que el recuerdo
de la ventura, en medio a la desgracia!
¡Muy bien lo sabe tu maestro cuerdo!
Pero si tu bondad aun no se sacia,
te contaré, como quien habla y llora,
de nuestro amor la primitiva gracia.
Leíamos un día, en grata hora,
del tierno Lanceloto la ventura,
solos, y sin sospecha turbadora.
Nuestros ojos, durante la lectura,
se encontraron: ¡perdimos los colores,
y una página fué la desventura!
Al leer que el amante, con amores,
la anhelada sonrisa besó amante,
éste, por siempre unido a mis dolores,
la boca me besó, todo tremante…
¡El libro y el autor… Galeoto han sido…!
Ese día no leímos adelante!»
Así habló el un espíritu dolido,
mientras lloraba el otro; y cuasi yerto,
de piedad, me sentí desfallecido,
y caí, como cae un cuerpo muerto.

Yaiza Conti Ferreyra pruntis sian voĉon al Francesca da Rimini kaj legis la koncernajn versojn (82-142) en la hispana traduko de la argentina poeto Bartolomé Mitre.
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